jueves, 11 de febrero de 2016

¿Sabes qué es la reminiscencia?



La tendencia de los mayores a recordar su vida pasada es por todos conocida. Pero, ¿lo vemos como algo positivo o creemos que ya empiezan a "desvariar"? 

Uno de los estereotipos negativos hacia la vejez es considerar patológica esa tendencia a recordar eventos de su vida constantemente. Sin embargo, revivir nuestro pasado es saludable y positivo, pues forma parte de nuestra identidad personal, nos define y gracias a él somos quienes somos.

La reminiscencia se puede definir como la recuperación personal de episodios vivenciados que forman parte de nuestro pasado. 


¿Qué beneficios tiene la reminiscencia?

1. Integridad
El recuerdo de su vida pasada por parte de las personas mayores contribuye a resolver un conflicto que Erik Erikson consideraba clave en esta etapa vital: integridad o desesperación. Por integridad se entiende la generación de un sentimiento de satisfacción con la vida que se ha vivido. Por desesperación, un sentimiento de desesperanza por el poco tiempo que queda para compensar lo que no se ha vivido.

2. Identidad
Nuestro pasado forma parte de nuestra identidad. La vida que hemos vivido nos define como personas. Recordar nuestro pasado contribuye a afianzar esa identidad.

3. Estado de ánimo positivo
Recordar eventos pasados, centrándonos en aspectos o hechos positivos, contribuye a mantener un estado de ánimo positivo y saludable. De hecho, bajo esta premisa se ha desarrollado una terapia dirigida a personas mayores con depresión, basada en el trabajo con eventos pasados positivos.

4. Relaciones sociales
Compartir con los demás nuestro pasado, nuestras vivencias y nuestras experiencias, contribuye a establecer relaciones sociales satisfactorias, basadas en la identificación con el otro. 


Terapia de reminiscencia

La reminiscencia se puede utilizar como terapia, dentro de una estrategia de envejecimiento activo o como parte del tratamiento en el deterioro cognitivo.
Esta técnica estimula la memoria autobiográfica del participante, a través de la comunicación verbal. En concreto, se trata de despertar recuerdos en el participante acerca de épocas pasadas de su vida (como pueden ser su infancia o juventud), activando además las sensaciones y emociones asociadas a los mismos.
Esta actividad se suele llevar a cabo en un formato de tipo grupal, donde 5-10 personas comparten sus recuerdos. A diferencia de una tertulia, aquí el terapeuta guía la actividad, estableciendo una estructura y guión.
Como apoyo a esta expresión vivencial, se pueden utilizar distintos materiales, como pueden ser: fotografías o vídeos del participante, objetos personales que conecten con la época que se esté trabajando, recortes de periódico relativos a esta misma, etc.
Además de trabajar la memoria, con esta técnica también se estimulan otras habilidades como la orientación personal, espacial y temporal, la atención, las funciones ejecutivas, el lenguaje, etc.


A continuación os propongo un ejemplo de actividad de reminiscencia.

Funciones cognitivas: memoria autobiográfica, memoria episódica, atención, orientación, lenguaje y funciones ejecutivas (planificación y organización del discurso).

Destinatarios: grupo de entre 5 y 10 personas mayores de 60 años, cognitivamente sanas.

Material: una caja, tiras de papel con diferentes frases impresas (cuando tenía 10 años..., cuando iba al colegio..., cuando empecé a trabajar..., cuando me casé..., cuando tuve hijos..., etc.).

Procedimiento: los participantes se distribuyen en círculo, de forma que se fomente la interacción social y la participación. De uno en uno, irán cogiendo una tira de papel y evocando un recuerdo que le despierte la lectura de la frase. El terapeuta tratará de fomentar recuerdos específicos, preguntando por aspectos concretos, como qué sentía en aquel momento, qué pensaba, de qué color iba vestido/a, con quién estaba, etc.


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