martes, 14 de junio de 2016

¿Eres distraído o tienes problemas de memoria?



Algunas personas se consideran distraídas, con dificultades para concentrarse o prestar atención a lo que están haciendo. Sin embargo, yo diría que más que ser distraídos, es que acostumbran a estar distraídos

Aunque es difícil medir la distracción, es fácil apreciar su influencia en nuestro rendimiento cognitivo. La distracción implica, sobre todo, falta de atención y concentración.

¿Qué repercusiones puede tener que estemos distraídos o, dicho de otra manera, que prestemos menos atención o estemos menos concentrados?

La atención es una de las funciones cognitivas más importantes, porque si ella no funciona bien, el resto de funciones tendrán grandes dificultades para llevarse a cabo correctamente. 

Aunque no seamos conscientes, una repercusión clara de la falta de atención la encontramos en la memoria: cuando no prestamos atención a lo que nos están contando, ¿cómo vamos a recordarlo después?

Otro ejemplo lo encontramos en la conducción: ¿te ha pasado alguna vez que has cogido el coche, has conducido hasta casa, y no recuerdas haber hecho el trayecto? Esto ocurre porque hemos hecho el trayecto a casa en "modo automático". Aunque se trata de una expresión, es verdad que cuando realizamos una tarea que hemos hecho muchas veces, esta requiere menos recursos cognitivos, por lo que prestamos menos atención cuando la estamos llevando a cabo.

También "ponemos el automático" cuando estamos cocinando, por ejemplo. ¿Te ha pasado alguna vez que has salido de casa y no recuerdas si has apagado el hornillo de la cocina? Seguro que estarás pensando: ¡cuántas veces! O si habrás dejado las luces encendidas, el gas abierto o la ventana sin cerrar.

En nuestra vida cotidiana, desarrollamos gran cantidad de tareas que, por haberlas hecho muchas veces, requieren pocos recursos cognitivos y prestamos menos atención cuando las realizamos. 

¡He aquí cuando surge la duda! No recuerdo si he apagado el hornillo de la cocina...¿estaré perdiendo memoria?

Lo más probable es que la respuesta a tu pregunta sea que no. Habrás intuido, por lo que he contado hasta ahora, que la respuesta está en la atención que prestas a lo que haces. Si has apagado el hornillo en "modo automático", prestándole poca o ninguna atención, ¿cómo vas a recordar haberlo hecho?

Lo mismo ocurre cuando conocemos una ciudad nueva. Si paseamos por ella sin fijarnos por qué calles pasamos, qué edificios hay a nuestro alrededor o qué letreros indicativos hay, probablemente posteriormente no recordemos el recorrido que hemos hecho, por qué calles hemos pasado o cómo hacer el recorrido inverso.

Por tanto, la memoria tiene como gran aliado a la atención. La atención es como el objetivo de una cámara, decide qué entra en nuestro sistema cognitivo y qué no, qué información resulta relevante y cuál no. Por tanto, ejercitar la atención va a ser un componente importante para que nuestra memoria funcione bien y podamos recordar los pequeños detalles.

A continuación te propongo algunas claves que puedes practicar diariamente y que te permitirán mejorar estos pequeños olvidos cotidianos.

1. Atención
Como os he contado hasta ahora, prestar atención a lo que hacemos es una clave importantísima para poder recordarlo. Por tanto, cuando estés cocinando, conduciendo o haciendo cualquier otra tarea que tenga poca dificultad para ti, intenta prestar atención a cada paso que lleves a cabo. Fíjate bien en todo lo que haces, cómo lo haces... Lo mismo cuando paseas por una calle desconocida, analiza todo lo que hay a tu alrededor, qué edificios, de qué color son, qué letreros hay, etc.

2. Verbalización
El lenguaje es otro de los grandes aliados de la memoria. Poner en palabras aquello que hacemos facilita su almacenamiento en nuestra memoria y, por tanto, su posterior recuerdo. Por tanto, una regla que funciona muy bien es expresar verbalmente todo lo que estemos haciendo, ya sea en voz alta o de forma interna. Mientras cocinas, por ejemplo, ve contando todo lo que haces: ahora voy a encender el hornillo, después voy a poner la sartén al fuego, le hecho aceite, ahora me toca echar las patatas...y finalmente apago el hornillo. 

3. Visualización
Otra de las formas en que podemos mejorar nuestra memoria es tirar de la imaginación. La visualización en imaginación nos permite almacenar la información a través de otro formato diferente al verbal, lo que hace más robusta la huella de memoria y facilita su posterior recuerdo. Una forma de llevarlo a la práctica es imaginarnos a nosotros mismos haciendo lo que en ese momento estamos haciendo: delante del hornillo de la cocina, con un pantalón verde y un delantal blanco, con pelando patatas con un cuchillo pequeño...

4. Asociación
Otra de las reglas que puede resultar útil es asociar información entre sí. Por ejemplo, cuando estamos visualizando la escena anterior, podemos asociar la ropa que llevamos puesta con el plato que hemos cocinado. De esta forma, podremos decir que hemos cocinado patatas tal día, porque ese día llevábamos puesto el pantalón verde y el delantal blanco.

Espero que os resulten útiles estas estrategias. Un consejo: aplicadas en conjunto funcionan mucho mejor y permiten que nuestra memoria se consolide mucho más, lo que permitirá que el recuerdo sea mejor y mayor. 


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