martes, 20 de septiembre de 2016

Mindfulness para la vida diaria



No insistas en el pasado, no sueñes en el futuro, concentra tu mente en el momento presente.

Hace ya tiempo os contaba un poco por encima qué es el mindfulness y sus beneficios. Además, os mostraba un ejercicio sencillo que nos permite introducirnos en la práctica del mismo.

Hoy me gustaría hablaros de cómo podemos incorporar el mindfulness -y sus beneficios- a nuestro día a día de una forma sencilla.


Y esto, ¿por qué?

La forma de vida actual nos impulsa a vivir en un frenesí continuo, empujados por las constantes obligaciones y horarios. Como consecuencia, nuestra mente se encuentra ocupada de forma permanente. Probablemente vaya vagando de pensamiento en pensamiento sin cesar, como un mono de rama en rama. Esto es lo que han llamado mente de mono

El mindfulness  nos permite pararnos, detener esa mente de mono y atender a la experiencia del momento presente. 

Dentro de la cultura del mindfulness, se habla de la actitud mindful (consciente). Se trata de una perspectiva vital que parte de la práctica de esta técnica, así como de la aplicación de sus principios a nuestro día a día. A modo de recordatorio, estos son:

1. Centrarse en el momento presente. Conciencia del aquí y el ahora.

2. Postura de apertura a la experiencia.

3. Actitud no valorativa. Práctica sin juzgar.

Partiendo de estas tres bases del mindfulness, podemos llevar a cabo una práctica informal del mismo en nuestro día a día, lo que nos llevará a cambiar nuestra actitud diaria ante lo que hacemos. Pasaremos de esa mente de mono, que divaga de pensamiento en pensamiento, a ser plenamente conscientes de lo que hacemos en cada momento. 

A continuación os planteo un ejercicio sencillo de práctica informal del mindfulness, que cualquiera puede practicar sin necesidad de reservar un momento específico del día para ello. Podemos aplicarlo cuando estemos cocinando, en la ducha o dando un paseo. 

Pongamos por ejemplo que nos estamos dando una ducha.

Premisa 1- Centra tu atención
Desde el mismo momento en que entras en la ducha, dirige tu atención a cada movimiento que haces. Incluso puedes verbalizarlo mentalmente. Intenta experimentar cada sensación en tu cuerpo: la temperatura agradable del agua, las gotas deslizándose por tu piel, el agradable aroma del jabón,...

Premisa 2- Observa los pensamientos, no los juzgues
Mientras lo haces, seguramente aparezcan en tu mente, casi por sorpresa, diferentes pensamientos. No te enfades, no los juzgues. Simplemente, sé consciente de que eso está pasando y déjalos pasar. Imagínate que son como una nube que pasa por el cielo, se van. 

Premisa 3- Redirige tu atención
Cuando ocurra lo anterior, simplemente redirige tu atención al momento presente, a cada sensación que te transmite la experiencia de la ducha. 

Esto mismo podríamos hacerlo dando un paseo, por ejemplo (centrando nuestra atención en cada sensación que generan nuestros pasos, en nuestros pies, en cómo es nuestra respiración, en cómo el viento agita nuestro pelo, etc.).

La práctica cotidiana de estas simples premisas nos permitirá ser más conscientes de lo que hacemos en nuestro día a día, desactivando el modo automático. La conciencia plena de todo aquello que hacemos nos permitirá experimentar placer por las sensaciones, serenidad y calma. 

Con el tiempo, esta actitud mindful aportará grandes beneficios a nuestro bienestar emocional, permitiéndonos disfrutar de las pequeñas cosas que nos aporta nuestro día a día. 

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